19 septiembre, 2011

ANTONIO SANTOS EN EL DRAGÓN LECTOR. 22 DE SEPTIEMBRE

DE ÚLTIMO MOMENTO. SE HA CAMBIADO EL HORARIO. SERÁ A LAS 21 HS. ALLÍ OS ESPERO.

10 septiembre, 2011

El jarroncito chino

El jarroncito chino estaba en la vitrina, con sus alegres colores y su peana de madera tallada de dragones y lacada en negro. Llevaba en casa lo que se suele decir "toda la vida", pero , en realidad fue un regalo que alguien le hizo a mi abuela Silvia. Perdido su valor sentimental, siempre mantuvo ese lugar privilegiado, por el económico. Al parecer era una pieza "interesante", en palabras de un especialista, datada en trescientos años de antigüedad. La  abuela había comentado, en su día, que se trataba de  un regalo hecho por un alumno de la escuela de primaria, donde ella era docente.
Hace unos días Cristina estaba limpiando la vitrina y se le cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Mamá se molestó algo pero, con su natural cortesía dijo-" No se preocupe Cristina. Estas cosas les suceden a los que quitamos el polvo". En ese momento, no sé por qué, miró a mi padre con cierto aire de reproche. Por supuesto, él siguió en su sofá viendo el partido de tenis mientras saboreaba una cerveza.
Decidieron que destrozado como estaba no tenía reparación posible. Lo mejor era tirarlo al cubo de la basura, pero yo me ofrecí a recoger los pedazos, los metí en una caja y los guardé en mi habitación. Allí estuvieron hasta  las vacaciones de Semana Santa. Me compré un superglue, un rollo de cinta de pintor y me dispuse a restaurarlo. Fue entonces cuando reparé en aquel trocito de papel , lo desdoble y leí - "Te amaré siempre, Alfredo".  No dije nada a nadie. Después encolé todos los pedazo pegando la dedicatoria en su interior  y lo devolví a la vitrina.
Le falta un pedacito. A veces, lo saco de su lugar y, mirando por ese huequito, lo hago girar como si fuera un caleidoscopio. Entonces, veo una multitud de cristales que componen una forma  de alegres colores. Es algo mágico que sólo yo soy capaz de percibir. Mis padres dicen que tengo demasiada imaginación.

07 septiembre, 2011

ANTONIO SANTOS EN EL DRAGÓN LECTOR. 22 DE SEPTIEMBRE

Inauguración de la semana dedicada al ilustrador Antonio Santos.
"Las semanas de la ilustración" son unos encuentros regulares que se celebran en la librería El Dragón Lector dedicados a profundizar en un ilustrador y su obra. Después de la charla del ilustrador tomamos un vino juntos.
22 de septiembre, a las 19 hs, en el Dragón Lector (calle Sagunto 20, Madrid).

30 agosto, 2011

Entrenador cultural en Madrid, una opción diferente. Antonio Santos.

"Educado en el seno de una familia de artistas, su interés, vocación y formación le han proporcionado un gran bagaje cultural, que le permite desarrollar con profesionalidad la labor de "cultural trainer" en Madrid. Su gran conocimiento de la obra expuesta en Madrid, de la historia del arte en general, de la literatura, sumado a su caracter afable y abierto hacen de Antonio Santos un excelente acompañante para iniciarse o profundizar en el mundo del arte, recorriendo los distintos museos y exposiciones de Madrid. Una opción diferente para personas con poco tiempo y gran interés cultural, Antonio selecciona las exposiciones a visitar, ajusta el programa y, en el tiempo que Ud. pueda dedicar, lo introduce en la obra, el artista, su entorno social y artístico, técnicas, historia, etc. Podrá así estar al tanto de lo que sucede en Madrid en el mundo del arte. ¡No se arrepentirá! Una opción cultural diferente."

ESPERO QUE OS INTERESE EL PROYECTO QUE ESTOY DESARROLLANDO Y QUE HAGÁIS DIFUSIÓN DEL MISMO. ANTONIO SANTOS.

08 agosto, 2011

Taller en Colombia

En julio, invitado por el colectivo Cuatro, tuve el placer de impartir un taller en la ciudad de Girón y en el mismo espacio realizar una muestra con una de mis artistas favoritas, Michele Siquot. La estancia fué maravillosa. Juan Carlos, Carolina, Wilson, Rocío (la dueña del hotel donde me alojé)...amigos de esos que uno desearía ver con mucha frecuencia. Energía positiva, nutritiva, creativa, uno regresa de allá con un montón de ideas, que espero, cruzo los dedos, no se me olviden gracias a mi amigo alemán.  











10 julio, 2011

LAS PEQUEÑAS COSAS

Fermín tiene un jefe antipático y desabrido. Nunca pide nada por favor, jamás con una sonrisa. Se llama Eusebio Martínez, es el dueño de una pequeña oficina de contabilidad donde trabajan los dos.
-Fermín, deme los libros de la carpintería del segundo. Dice sin levantar sus lentes de los papeles que está hojeando. Y Fermín acude presuroso con un desgastado libro de contabilidad modesta.
-Fermín, vaya a por un cortado y dese prisa que me gusta caliente. No pierda el tiempo en charlas estériles, como hace siempre. y Fermín extendiendo la mano recoge las monedas y sale diligente. D. Eusebio, como siempre, no desvía la vista de los documentos que está revisando.
La oficina es vetusta. Hace décadas que nadie pinta sus paredes. Dos archivadores, dos mesas de similar tamaño, dos sillas y un perchero constituyen el escaso mobiliario. Cuando aparece algún cliente Fermín le cede su asiento.
-"Traiga dos cafés y no se demore".
En la pared, junto a un grupo de pequeños agujeros, colgado de una chincheta, está el calendario en el que aparece un bodegón lleno de suculentas frutas, única nota de color del lugar.
El pequeño despacho está en un edificio viejo con la fachada oscurecida por el humo de los automóviles. Un lugar alegre y lleno de vida en su interior, donde varios talleres y oficinas, además de un bar comparten la vida.
Fermín acude a su trabajo con puntualidad, apenas habla y sólo hace un alto para comer en el modesto bar del cuarto piso. Un menú barato y sabroso que prepara Dña. Claudia, la cocinera. Fermín siempre guarda un par de trozos de pan en los bolsillos de su raída americana.
De anochecida regresa a su minúsculo apartamento compuesto de una sola pieza con cocina americana y un pequeño baño. Una cama, una pequeña mesa camilla, tres sillas y un armario amueblan la estancia. La vivienda está en orden, limpia. Una sola ventana da a un patio de luces por donde entra suficiente claridad como para no tener siempre prendida la luz eléctrica.
En un pequeño transistor escucha, cuando no el parte, música. En una de las sillas reposan algunos libros que, una vez leídos, serán devueltos a la biblioteca o abandonados en algún banco del parque.
Al entrar deja, en una bolsa de plástico que pende de un clavo, los mendrugos de pan. Luego se quita la chaqueta y los zapatos. En zapatillas, prendida la radio, prepara la cena. A las once se acuesta y lee en la cama hasta que el sueño se apodera de él.
Mañana será sábado, el día esperado. Cuando Fermín se despierte, después de desayunar y asearse, tomará la bolsa de plástico y, con mucha parsimonia, irá deshaciendo los trozos de pan hasta reducirlos a migas. Los meterá de nuevo en la bolsa y saldrá a la calle. Así hace todos los sábados.
Se sentará en un banco del parque rodeado de pájaros. Por un rato, un largo rato, se sentirá feliz y sonreirá varias veces antes de regresar.

06 junio, 2011

Taller en México

Por fin estuve en México. Me llevó de la mano Alejandro García Schnetzer e invitado por el Ministerio de Cultura de México. Impartí un taller en la Universidad Centro a estudiantes de diseño gráfico, todos ellos muy simpáticos y participativos. Otro taller en la Ceiba Gráfica, en Xalapa.


Universidad Centro

Universidad Centro



Universidad Centro

Os recomiendo especialmente que busquéis en Internet este lugar, se parece mucho al paraíso que soñaría cualquier artista. En la Ceiba aprendí a hacer litografía sobre piedra, dejando dos de tamaño mediano y una carpeta que contiene 7 más y un texto de Alejandro.

  
La Ceiba Gráfica


 
La Ceiba Gráfica




La cocina de la Ceiba.
















Regresé muy a mi pesar. México es uno de los países donde me gustaría vivir. El por qué no se lo tengo que explicar a nadie que haya estado allá y la mejor respuesta es ir.  
  

Con Alejandro, el día que resucitamos al colibrí 

¿Qué hubiera sido de mí sin Claudia?


En noviembre, invitados también por el Ministerio de Cultura de México, regresaremos otros quince días a impartir unos talleres, esta vez en Guaxaca, Guadalajara y México DF. 




25 abril, 2011

GARCÍA VILELLA

Cuando yo era niño vivía en Madrid. La casa familiar tenía una forma extraña, parecida a las pesas de un forzudo. En un extremo estaba situado el hall, el comedor de invitados-ese que rara vez se utilizaba- y la habitación de mis padres. En el otro, la cocina, el cuartito de estar y nuestras habitaciones. Ambas partes se unían por un largo y estrecho pasillo que debíamos atravesar si queríamos llegar al otro lado. Pues bien, en ese pasillo, a modo de guardianes, se hallaban dos cuadros de García Vilella, uno de los cuales es el que aquí reproduzco. El otro fue destruido por nosotros. Esas pinturas, que tanto han influido en mi manera de ver el mundo, nos producían, en aquel entonces ,un pánico enorme. Creo que a ello contribuían sus colores ácidos y violentos, sus formas aristosas de contornos muy marcados y, por supuesto, la temática. El caso es que, cuando queríamos ir a la zona de mis padres lo hacíamos a la carrera, encendiendo las luces , hasta que un día, pertrechados con todo tipo de "armamento"- pinzas, cepillos de los zapatos, tenedores, algún cuchillo etc- atravesamos el pasillo , arrojando nuestra munición sobre los terribles guardianes de G. V. Así se perdió uno de los dos cuadros y el que sobrevive lo hace gracias a que mi padre, al percatarse del atentado, decidió descolgarlo y guardarlo en su despacho.
Pobre García Vilella, un pintor tan interesante, tan original y tan olvidado de todos. Apenas sale , raramente, alguna cosa suya en subastas. Homosexual en una época en la que te podían meter en la cárcel por ello, la vida debió ser dura para ese espíritu sensible, así que decidió exilarse en Alemania. Allí derivo hacia el arte abstracto, con una pintura muy densa de materia muy trabajada, intensa e interesante. En Alemania, vislumbró, por fin, el éxito que merecía, y, cuando las cosas empezaban a irle bien, cuando comenzaba a paladear el éxito , se lo llevó un cáncer. Espero que un día se te rinda el merecido homenaje. A mí, sin tu saberlo, me enseñaste a "ver" vida en la pintura, educaste mi mirada, y por ello te doy las gracias y te pido perdón por destruir aquella pintura que ,a los ojos del niño que soy, era tan real como la realidad misma.

DANIEL ONESIMO

Nació deforme, con una pierna más corta que la otra y una joroba que, desde el principio, fue el origen de dolores de espalda bastante agudos. Sus años de infancia no le plantearon serios problemas, aunque no podía jugar al futbol con sus compañeros se integraba facilmente en todas aquellas actividades en las que, su minusvalía, no era un inconveniente. Al llegar a la adolescencia, cuando se formaron las primeras parejas entre sus compañeros de clase, comenzó a sentir la crueldad de su mal, las chicas no se fijaban en él. Esta situación le produjo un profundo dolor que fue agriando su carácter y le llevó a ser excesivamente mordaz. Su deformidad le parecía una injusticia divina. Dejó de creer en Dios y en los hombres. Empezó a odiar, sobre todo a aquellos que eran más afortunados. Porque él, inteligente y sensible como era, sufría ese rechazo, esa indiferencia, mientras otros, más estúpidos, tenían un éxito, a sus ojos, inmerecido. Cayó en la misoginia.
Así estaban las cosas cuando conoció a Luis, que era todo lo contrario. Fue una amistad breve pero le hizo reflexionar. Luis, pese a su grave enfermedad, tenía una mirada extrañamente positiva sobre el mundo, siempre decía que el verdadero éxito consistía en aceptar el fracaso, desengáñate Daniel, al final todos fracasamos de una forma u otra. Estaba contento de que el destino le hubiera señalado a él y no a sus seres queridos con el mal que le aquejaba.
Fructificaron esas conversaciones y Daniel empezó a cambiar su mirada. Sus ojos oscuros y opacos se volvieron más claros y su expresión más limpia. Incluso algunos días , a ratos , olvidaba su diferencia. En esas ocasiones , era capaz de conversar de una manera natural, sin tensiones , sin hacer discursos negativos. Fue así como comprobó que la gente dejaba de huirle, incluso algunos buscaban su amistad. Poco a poco fue recuperando cierta esperanza. Tal vez el pudiera aspirar al amor, a cierta manera de amar. No obstante, el temor al fracaso le hizo ser excesivamente cauto . Cuando conoció a María, tan tímida, frágil y sensible se enamoró de ella pero jamás se lo dijo y, fue tal su disimulo, que ella nunca se percató de nada. Buscó con insistencia su amistad y en ella se fue transformando en un ser cada vez más delicado, bondadoso y detallista. El camino iniciado con Luis se completó con esta nueva amistad. Daniel llegó a ser el mejor amigo, el confidente, el paño de lágrimas y el que más la hizo reír.
Un compañero del alma.
Pasaron los años, los novios, un breve marido. Con idas y venidas, con períodos de más estrechez y de mayor distancia, María siempre regresaba, herida, golpeada por el dolor de causado por aquellos que no supieron acariciarla. Daniel siempre estaba ahí ,disponible en la penumbra, dispuesto a escucharla, a ser su paño de lágrimas. Cuando le llamaba, en los ojos de Daniel se encendían las estrellas y su rostro se iluminaba con una bella sonrisa. Daniel salía de su letargo y corría a su encuentro, disimulando la prisa.
Así fue siempre, creo, porque me fui de aquella ciudad y nunca volví a verles pero, a veces pienso en ellos y me pregunto qué pasaría. Hacían una bonita pareja.

10 abril, 2011

CHAGALL

Es uno de los pintores que, desde mi infancia, me han acompañado. De pequeño me gustaban sus colores y la fantasía de sus relatos pictóricos, porque Chagall es un pintor que "cuenta" cosas, un artista narrativo. Cuando un creador tiene algo que contar suele hacerlo y con esto doy una clave para entender, o no hacerlo, el arte contemporáneo. Es lógico que Chagall le gustase al niño que yo era porque, además de contar historias, lo hace de una forma ilustrativa y un tanto naif. Estas dos cualidades han sido determinantes para que me siguiera atrayendo siempre. He elegido este cuadro de los novios o la novia judía por ser uno de los más apreciados por mí, desde siempre, de todos los pintados por este gran artista. Hay una versión de otro genio de la pintura, Rembrandt, en la que el hijo del pintor apoya delicadamente su mano sobre el seno de su esposa. Probablemente no pensase Chagall para nada en ese cuadro al pintar el suyo, pero no puedo evitar que ambos se fundan en mi cabeza. Me gusta esta novia chagaliana a punto de despegar el vuelo y ese novio que, llevado por la pasión hacia su amada vuela como si fuera un pañuelo o una bandera. Como está contado, y que bien, el amor entre esas dos personas que ya casi no son, que están a punto de fundirse en un apasionado beso y viajar al mundo de la belleza y la fantasía, al Paraíso donde solo ellos pueden estar mientras nosotros, espectadores o público, les deseamos buen viaje.

MATÍAS


El abuelo Matías vino a vivir a casa. Desde que se quedó solo, su vida en el pueblo era complicada, la casa no reunía las mínimas condiciones de higiene y él comía cualquier cosa. No se puede alimentar uno sólo con media lata de fabada, sin calentar, al día. Eso dijo mamá mientras papá permanecía callado. Así que vino a nuestra casa y lo instalaron en la pequeña habitación al lado de la cocina. Ese cuarto, en tiempos de bonanza había sido el del servicio pero, con la crisis, hacía tiempo que estaba vacío. Era un espacio pequeño y mal ventilado pero tenía un cuartito de baño independiente y eso era ideal para la próstata del abuelo. El abuelo Matías era un ser solitario, hablaba muy poco. Parecía, con su aspecto bonachón y su eterna sonrisa, un ser ensimismado. Siempre me gustó esa palabra que a él le venía como anillo al dedo. La verdad es que en casa daba muy poca guerra y se pasaba la mayor parte del día en el parque o haciendo algún recado que le mandaba mi madre o, cuando yo era pequeño, recogiéndome y llevándome al colegio. El resto de su tiempo, como ya he dicho, lo pasaba en el parque, sentado en un banco, sin relacionarse con otros ancianos ni jugar a la petanca. Siempre con su sonrisa y enfrascado en sus pensamientos que parecían llevarle muy lejos en el espacio y en el tiempo. Yo le preguntaba pero jamás me contestó. A papá le ponía muy nervioso, yo creo que su mera presencia le resultaba insoportable pero, eso se hacía más patente en la mesa, casi el único momento del día en el que coincidían. Este hombre, cuánto tarda en ponerle nata a las fresas, este hombre... y el abuelo simulaba no enterarse, se hacía el sordo más de lo que era. El abuelo se puso enfermo. El doctor dijo que se moriría pronto. Esto lo dijo procurando que el abuelo no lo escuchara pero él lo sabía. Lo deduje porque su sonrisa se hizo más expresiva, como si se alegrase de emprender ese viaje ansiado desde hacía tanto tiempo. Cuando murió, mamá encontró un paquete de cartas debajo de su cama. Estaban dentro de una caja. Las vi sin poder leerlas, parecían, a juzgar por su desgate, unos papeles leídos miles de veces. Creo que el abuelo las había leído cada noche desde que fueron escritas. Mamá las destruyó y, con ellas, el secreto del abuelo.

05 abril, 2011

AMOR EN EL SUPER


Él hacía la compra distraído. Necesitaba algunas cosas y las iba metiendo en el carro a medida que las veía. Ella tenía prisa, compraba todo lo de la semana e iba tachando de la lista lo que ya había cogido de los estantes. El super estaba medio vacío a esa hora, la de la comida.
En el pasillo donde están las pastas y las latas de mejillones y las otras, él se paró un momento guiándose por el capricho. Ella dobló la esquina con prisa y chocaron. ÉL le pidió los papeles del seguro y ella sonrió. Lo siento, caballero, pero me acabo de sacar el carnet y, diciendo esto, se relajó un poco. La conversación fue así de breve, poco más. Se separaron para encontrase de nuevo en las colas de las cajas. Ella, al verlo, ralentizó su paso. Él lo aceleró. La sincronía fue tan perfecta que coincidieron en las puertas del ascensor que conducía al aparcamiento. Entraron, estaban los dos solos, tenían apenas un minuto. No hablaron del tiempo, ni miraron al techo. Él le dijo eres tan bella, ella sonrió de nuevo. Se abrazaron y se dieron un beso. Luego se abrieron las puertas y no se volvieron a ver nunca más. O sí, muchas veces, en el recuerdo.

Javier Liebana

Os recomiendo con sumo interés esta exposición de Javier Liébana que, estos días, puede verse en la Galería Ra del Rey, situada en la calle de la Reina de Madrid. Hay en esta pintura algo del mejor arte abstracto español que nos remite a Clave o a Tapies pero, además, el espíritu de Zurbarán y el misterio de algunos artistas de nuestro Siglo de Oro. No es fácil al ver un cuadro apreciar tanta tensión emocional. Lo normal son los altibajos, pues el proceso de realización suele ser lento y trabajoso. Cuando se consigue nos produce una extraña y agradable sensación. Pues bien, Javier lo logra en todos los trabajos expuestos. Sería interesante ver estos cuadros con los de Zurbarán al mismo tiempo y reflexionar, sobre lo que cambia y permanece, para construir ese bello y caudaloso río del arte a lo largo de los siglos

27 marzo, 2011

Giacometti


Es, junto con Henry Moore y Picasso, uno de los tres escultores del Siglo XX que más me interesan y emocionan. En mi recorrido a través de la escultura y de todos los artes primitivos he ido descubriendo que G. ya había estado allí, ya había pasado. Me sucedió cuando descubrí las máscaras mosquito de la Polinesia, con las esculturas cicládicas, con el arte negro, con la estatuaria etrusca, con la arqueologías arquitectónicas de Iberoamérica, con las cartografías de navegación de la polinesia y así con un larguísimo etc. Pero hoy traigo esta imagen del hombre que camina, que tanta relación tiene con las estatuas-sombra del arte etrusco, porque creo que es casi un autorretrato del mismo Giacometti y de su posición en la vida y en el arte. Sí, G. es un hombre que ha paseado por todos los artes primitivos, o primeros- como parece ser mas correcto según los últimos debates sobre la materia- en esa búsqueda de la autenticidad, de los orígenes que caracteriza a toda la modernidad. Giacometti lo ha visto todo, de todo, o casi, se ha impregnado dándonos su particular visión. Conocer y gustar de su trabajo puede ser de gran utilidad para entender esos artes esenciales y viceversa puesto que, una vez en este viaje, las paradas son continuas y los viajes, en una dirección y su contraria bastante frecuentes. Pero claro, lo que importa no es ir a los sitios sino regresar a ellos. Es en esos retornos donde descubrimos los matices, los aromas que en una primera impresión, subyugados, por lo más llamativo, no habíamos apreciado. Por eso conviene transitar por el arte moderno y antiguo de la mano de ese hombre que camina, de Alberto Giacometti y aprender con él la esencia de tantas cosas.

DESENCUENTROS

El despertador sonó, sonó un buen rato hasta que una mano de naúfrago surgió de entre las sábanas y lo paró. Eran las seis y cuarto. Fuera todavía estaba oscuro y parecía hacer frío. Luca se levantó procurando no despertar a su mujer, se duchó y vistió lentamente comenzando por los pantalones, como siempre había hecho. Preparó su desayuno y, cuando lo hubo tomado, salió de su apartamento. Desde hacia veinte años ésa era una de sus rutinas. Al llegar a la calle notó el frío en su rostro, una sensación muy agradable. Se dirigió a la parada del bus mientras meditaba en sus cosas. En la empresa la situación era bastante mala, unos cuantos compañeros habían sido víctimas de eso que llamaban, para suavizar las cosas, un ERE y que en realidad, según decía él, debería de llamarse un APC o lo que es lo mismo, a la puta calle. Luca, como responsable, debía decidir quienes se quedaban y quienes no. Su trabajo, tan desagradable en los últimos años, le había llevado a plantearse si merecía la pena llevar ese tipo de vida. Luca estaba en crisis, una crisis existencial profunda. Esas cosas meditaba cuando llegó a la parada del bus y se situó en la cola. Sonó el despertador. Al cabo de un rato una mano de naúfraga surgió de entre el océano de sábanas. Se hizo el silencio. María se levantó despacio procurando no despertar a su marido que dormía plácidamente. Después de pegarse una ducha regresó a la habitación. Estaba desnuda, su cuerpo era muy bello, había ganado con los años como ganan los vinos que imitan a los cuerpos. María se vistió y se dirigió a la cocina, preparó su desayuno y el de su compañero, regresó a la habitación, le dió un maquinal beso y salió a la calle. Desde hacia diez años esa era su rutina. Se dirigió a la parada del bus y se colocó en la fila. El bus tardaba en llegar, había huelga y los servicios mínimos no se cumplían del todo. Una multitud esperaba. La pasividad del principio había dejado paso a una ira contenida que comenzaba a ser insuficiente. Luca se giró para ver cuánta gente había tras él y se encontró con ella, que hizo un gesto llamativo, como de decir "esto es lo que hay" o "así son las cosas". Sus miradas se cruzaron por unos instantes y fue como si el mundo se hubiera detenido. Luca, algo turbado, recuperó su posición y abandonó sus reflexiones. Aquella mirada le había llamado la atención, esa mujer era realmente muy atractiva y-" si le dijera de ir a tomar un café"-, tal vez era lo mejor que se podían hacer en esas circunstancias pero, ella podía rechazar la invitación, lo que le situaría a él en una posición desagradable y crearía un equívoco lejano a la realidad, al fin sólo pretendía charlar un rato. De todas formas el no ya lo tenía y estaba seguro de que en ese gesto , aparentemente anodino, se encontraba alguien digno de ser conocido. María, cuando Luca le dió la espalda pensó que era un hombre interesante y que tenía una mirada triste, como llena de huequitos, le hubiera gustado que la invitará a tomar un café, hablar con él, salir del gris cotidiano. Total el bus no llegaba y allí hacia demasiado frío. Luca volvió a girar la cara buscando el rostro de ella y ella le miró y se sumergió en sus ojos... El bus no llegaba.

12 marzo, 2011

Cézanne

El primer Cézanne que vi en mi vida fue el cuadro que he elegido para encabezar este escrito. En aquel entonces estaban los cuadros de una serie de pintores agrupados, en esa inexactitud a la que llamamos Impresionismo, en el Jeu de Pomme. Al subir las escaleras, justo enfrente, la mujer del pintor me esperaba con su cafetera azul. Ralenticé el paso, quería que esos instantes durasen mucho tiempo, que fueran casi eternos.
Cézanne firmó muy pocos cuadros en su vida por la sencilla razón de que para él están inacabados, no podía ser de otra manera pues su método, la forma de abordar la realidad, no lo admite. A Cézanne no le preocupa, o no parece hacerlo, el hecho de finalizar una pintura y, lo más que llega, en una carta dirigida a E. Bernard es a hablar de una "pequeña sensación".
Cuando C. dejó París para refugiarse en su ciudad, Aix-en-Provence, en la propiedad familiar de Jas de Bouffan inicia un camino hacia la soledad que ya había emprendido tiempo antes. En París quedan sus visitas al Louvre, sus pocos amigos su mujer y su hijo.
Cézanne no es un pintor impresionista, casi ninguno de sus trabajos lo es, porque él quiere sacar a los clásicos al aire libre y respetar la estructura, el esqueleto de las cosas. Pero, claro, también conoce las nuevas teorías de la división de la luz y sabe, como sus compañeros de generación, que en las sombras también hay color y que los colores se relacionan entre sí, dialogan buscando la armonía.
Cézanne ve un color y lo busca en la paleta, una vez que lo ha encontrado, lo coloca en la inmensidad del plano. Busca otro en un lugar del paisaje, un color relacionado con el primero y lo coloca en su lugar. Hace lo mismo con un tercero y luego lo compara con el primero, le parece que la elección no es ajustada, rectifica. Una vez, y otra, y otra....La tela se va llenando de una curiosa estructura de acciones y rectificaciones que le dan un aire extraño. Pequeñas sensaciones y pequeñas sensaciones...Pero la realidad se escapa porque sólo es aprehensible si hacemos trampa, si la metemos en una red, si en cierta manera nos la inventamos con la necesidad de acabar algo. Cézanne trabaja con modestia, como un aprendiz que no tuviera prisa y esa es, en mi opinión, su gran lección, su gran descubrimiento. El camino, el recorrido eso es lo importante. El resultado, al fin, es un punto final, la muerte de un acto.
Hubo un momento en el que, en los ambientes parisinos, Cézanne había sido olvidado. Se pensaba que había muerto, que se había ido, que había dejado de pintar. Cuando los jóvenes artistas lo recuperan y lo llevan a París para, engañado, rendirle un homenaje, cuentan que al darse cuenta del engaño, sintiéndose abrumado, C. desaparece, se escapa. Los honores le han llegado demasiado tarde, cuando ya no le interesan, cuando lo único que quiere y pretende es seguir pintando,su Mont Sainte Victoire en los alrededores de Aix y buscando esa pequeña sensación que nunca encontró del todo.

UN HOMBRE EN PARÍS

Antes de encontrarse con París había estado allí cuatro veces. Visitamos las ciudades pero formar parte de ellas sólo se produce algunas veces, cuando esto sucede, ya nadie, nunca, podrá separarnos.
Aquel día Antonio estaba melancólico y paseaba por los márgenes del Sena, atravesando el Pont des Arts se paró en medio, miro al río y hacia L´Ille de la Cité, después al cielo. París llevaba un vestido gris, de un gris tirando a rosa, chispeaba y ese maquillaje la hacía más hermosa todavía. París estaba como casi siempre está en invierno, como tantas veces la había visto, incluso desde ese lugar pero... fue entonces cuando se le metió dentro y, esa sensación, siempre le iba a acompañar aunque estuviera lejos, muy lejos.
Antonio vivió en París algunos años, allí pasaron muchas cosas, tantas, que fueron estrechando lazos, abriendo puertas en su alma, ocupando sitios y lugares de los que él ignoraba su existencia. Adoraba pasear aquellas calles, visitar el cementerio de Pere Lachese, el Jardín de Luxembourg, sentarse en los cafés... Nunca le gustó París en el verano, no le iba bien el sol, estaba fea, como si no fuera ella, como si fuera otra. Se sentía un extraño vampiro al que el exceso de sol le hacía daño.
Cuando llegaba el frío y lo ocupaba todo, compraba castañas asadas, las metía en los bolsillos para calentar sus manos, hechas para las caricias. Le gustaba acariciar , cerrar los ojos y como un ciego tocar la vida, inventarla como un ciego.
Ha pasado mucho tiempo. Ahora el hombre que pasea es un anciano buscando un reencuentro y una despedida,tal vez las dos vayan unidas, abrazadas. Ya nadie busca en sus manos sarmentosas el calor de una caricia, ya no necesita las castañas, aunque no ha perdido el recuerdo, la memoria de tocar, el placer de hacerlo. A medida que avanza en su paseo regresan, los fantasmas del pasado. Antonio sigue, se para en uno de los bouquinistes, busca algo. De pronto se detiene, lo ha encontrado. Antonio paga y acaricia un libro, son los poemas de amor de Benedetti,una vieja edición en la que otros ojos se habrán posado, con la que habrán aprendido a amar amando, a la que habrán acudido en momentos de dolor y desengaño. Antonio mete ese libro en el bolsillo y, mientras se dirige al Pont des Arts, buscando el lugar en el que tantas veces contempló su ciudad amada, lo acaricia con las yemas de sus dedos, cerrando los ojos como si estuviera ciego...Llega al centro del puente, mira la ciudad inalterable, al cielo. París viste de gris tirando a rosa, ese color que tan bien le ha sentado siempre, chispea. Antonio acaricia el libro entre sus dedos y se sumerge en la inmensidad del Sena.

06 marzo, 2011

GRAU SANTOS

Grau Santos es, oficialmente mi primo y mi cuñado, y lo que , a continuación escribo me ha dicho que no piensa leerlo, mejor, así podré expresarme con más libertad , si cabe.
Los artistas somos, como los deportistas, personas descompensadas. Unos entrenan el músculo y se obsesionan con ello, otros entrenamos la imaginación y la sensibilidad hasta llegar a la hipertrofia. Naturalmente que no todos somos iguales, que hay verdaderos animales entre nosotros, Caravaggio por ejemplo, pero, estoy seguro que, incluso él era un ser delicado que recurrió a la careta para protegerse. La careta, las caretas, extraña coincidencia de todos los hombres y culturas. O quizá no tanto.
Grau Santos ha sido mi maestro a la manera de los artistas hasta el siglo XVIII, el me ha enseñado, pintando junto a mí, casi todo lo que sé de la vida y la pintura, y algunas cosas que no sé, sospecho. Viéndole pintar aprendí lo que era la pintura, el hombre ante el paisaje intentando comprender al Creador y sus , siempre perfectas, reglas de armonía. Nuestro pequeño, insignificante sentido frente a la inmensidad. Conocí a Chardin, a Vang Gogh , a Soutine, a Bonnard, a Vruillard, los dibujos de Seurat y las plumas de Rembrandt....y tantas cosas más que fueron llenándome y haciéndome un alma de cristal. Soy su alumno, no el mejor, pero soy eso.
Quiero a Julián, amo su pintura y al hombre, me parece el artista más sensible de cuantos he conocido en vida, el mejor dotado y soy, en este comentario, implacable y objetivo. Le he visto pintar tanto, hemos hablado tanto de pintura...
Hace treinta y tantos años Julián compró una casa en Majadahonda y allí construyó una pequeña y bonita nave que le sirve de taller. Sin pretenderlo, se iban a terminar sus viajes de pintor en la geografía. Aquel taller, ese jardín, con el pasar de los otoños, se han convertido en su Giverny.
En su taller he asistido a un extraño suceso que, al principio, me pasó inadvertido. Primero fueron las mesas antiguas, usadas por otras gentes que en ellas dejaron los recuerdos de sus manos, el discurrir de sus vidas y, las mesas se llenaron de flores vivas, de jarrones y de frutas, de tomates, de granadas...de flores muertas. Luego llegaron las láminas de los viejos maestros admirados, marionetas y telas hindúes, recuerdos de más viajes, más frutas, más flores... Así empezó a aparecer ante mis ojos una capa de estratos, un libro en el que yo podía, conocedor de la clave, leer los años transcurridos. Pues bien, los cuadros de Grau Santos, sus maravillosas naturalezas muertas, son las páginas de ese libro, del discurrir del tiempo, del lento paso de los años, de los estratos que están ante los ojos, de los que nosotros también somos. Y todo lo cubre el polvo, el polvo que todo lo matiza, el polvo necesario para leer la vida.
EPITAFIO
El día que yo me muera,
después de donar mis órganos,
enterrarme en el suelo,
desnudo en sábana vieja.
Plantad, después, un almendro
para que, cuando florezca,
alegre la muerte a los muertos.
Quisiera servir de alimento
a los niños y a los pájaros.

DON ANSELMO ROBA UN ALMA

Después de tantos años de casado, de ser un señor normal y respetado, un trabajador ejemplar en la oficina, D. Anselmo se ha enamorado de su secretaria. Está deseperado, le sobrepasa la angustia y lucha, a muerte con o contra, no lo sabe, sus principios. La razón le dice una cosa y el ¿corazón?, el corazón va por libre. Cuando coincide con ella en el ascensor no sabe articular palabra, la mira de reojo...es tan bella. Le gusta su sonrisa, la manera de cruzar sus piernas, como coge el bolígrafo y como le dice, cuando ya está preparada- ¿Diga D.Anselmo?-, le encanta escuchar su nombre en los labios de ella. A veces la llama para nada, bueno para nada no, para verle la cara en la puerta entreabierta y oír decir su nombre.
Don Anselmo está triste, muchas cosas les separan. Se está volviendo loco y, tal vez por eso, ha encontrado la solución: ROBAR UN ALMA.
Podrá parecer así, visto desde fuera, una idea descabellada, una locura pero...pero a él, loco de amor, le parece la más acertada. Ha llegado a la conclusión de que el alma no se va del cuerpo hasta que los familiares no se han despedido y que, en el velorio, de alguna manera, sigue vivo el muerto. Sólo cuando le dan tierra o, como hacen ahora, lo queman, dice el alma- "Ahí te quedas".
Afortunadamente ha muerto D. Pedro, el carnicero de la esquina, ese que siempre, cuando le preguntaba si era buena la carne, la mejor le daba, a él y a todos los que le preguntaban.
Al salir de la oficina, con su cartera de cuero, D. Anselmo se dirige, con aviesas intenciones a dar el pésame, lo tiene todo preparado. "Lo siento doña Matilde ha sido una pérdida irreparable, estoy muy afectado. Déjeme mirar al finado, despedirme" "Está en el cuarto de al lado y que guapo lo han dejado, si parece estar dormido, como si durmiera la siesta después de ver el partido, así mismo". Don Anselmo se dirige, está sólo con el gordo carnicero y su pequeño bigote, siente un poco de repugnancia pero no queda otro remedio, hay que hacerlo. Nadie le ve, no hay nadie, se acerca, le abre la rígida y fría boca, aparecen los dientes amarillos del tabaco, un ligero olor a nicotina rancia le llega a la nariz, cierra los ojos para vencer el asco, y absorbe con todas sus fuerzas, absorbe hasta sentir como algo, el alma, entra en su interior. Se incorpora mientras el muerto se va volviendo azul y verde. El olor se hace insoportable. D. Anselmo, ya en la calle, respira profundamente, regresando por el parque. Cuando llegue la noche su otra alma, la robada, se quedará guardando su cuerpo mientras la suya se marcha a velar otros sueños, los de su secretaria.